AUTODISCULPA Y MEDIOCRIDAD
«A mí no me gusta exigir tanto a mis hijos... me decía en cierta ocasión una madre durante una conversación sobre la incierta trayectoria de uno de ellos. »Me conformo con que aprueben, aunque sea a trancas y barrancas. No les pido que se compliquen la vida, ni que hagan ninguna maravilla. Ni yo ni ellos somos perfectos. Somos humanos. Y yo no quiero amargarles la existencia...»
Bien. De acuerdo. Pero..., me pregunto, ¿por qué equiparar eso de amargarse la existencia con tener unos ideales más altos? ¿Por qué ante cualquier fallo nuestro o ajeno sobre todo nuestro enseguida lo justificamos diciendo que es algo muy humano?
Somos humanos: parece como si lo propio del hombre fuera lo bajo, lo vulgar, lo vicioso, lo mezquino; cuando lo propiamente humano es la razón, la fuerza de voluntad, la verdad, el esfuerzo, el trabajo, el bien. Para ser verdaderos hombres hemos de empezar por no autodisculparnos siempre con la excusa de que somos humanos.
Es una excusa que tiene apariencia de humildad y, sin embargo, oculta habitualmente una cómoda apuesta por la mediocridad.
Hay que inculcar en los hijos un inconformismo natural ante lo mediocre, porque resulta mucho mayor el número de chicos y chicas que se acaban deslizando por la pendiente de la mediocridad que por la pendiente del mal.
Son muchos los que llenaron su juventud de grandes sueños, de grandes planes, de grandes metas que iban a conquistar; pero que en cuanto vieron que la cuesta de la vida era empinada, en cuanto descubrieron que todo lo valioso resultaba difícil de alcanzar, y que, mirando a su alrededor, la inmensa mayoría de la gente estaba tranquila en su mediocridad, entonces decidieron dejarse llevar ellos también.
La mediocridad es una enfermedad sin dolores, sin apenas síntomas visibles. Los mediocres parecen, si no felices, al menos tranquilos. Suelen presumir de la sencilla filosofía con que se toman la vida, y les resulta difícil darse cuenta de que consumen tontamente su existencia.
Todos tenemos que hacer un esfuerzo para salir de la vulgaridad y no regresar a ella de nuevo. Tenemos que ir llenando la vida de algo que le dé sentido, apostar por una existencia útil para los demás y para nosotros mismos, y no por una vida arrastrada y vulgar.
Porque, además, como dice el clásico castellano: no hay quien mal su tiempo emplee, que el tiempo no le castigue.
La vida está llena de alternativas. Vivir es apostar y mantener la apuesta. Apostar y retirarse al primer contratiempo sería morir por adelantado.
Es curioso cómo muchas personas piensan que la felicidad es algo reservado para otros y muy difícil de darse en sus propias circunstancias. Corremos el peligro de pensar que la felicidad es como una ensoñación que no tiene que ver con el vivir ordinario y concreto. La relacionamos quizá con grandes acontecimientos, con poder disponer de una gran cantidad de dinero, gozar de una salud sin fisuras, tener un triunfo profesional o afectivo deslumbrante, protagonizar grandes logros del tipo que sea. Pero la realidad luego resulta bastante distinta a eso.
Existe un consejo garantizado de una buena educación familiar, que además es muy fácil de utilizar por los progenitores en el seno hogareño. A los hijos se les debe facilitar todo aquello que mejore su potencialidad y sus capacidades, pero luego dejar que consigan sus objetivos por sí mismos, sin adelantárselos sin su esfuerzo personal. Expliquémoslo con casos concretos: No les compremos un coche, sino que ayudémosles a que obtengan el permiso de conducción, o no les paguemos unas vacaciones en el extranjero sino que asuman los costes de que ellos aprendan idiomas y vayan a trabajar a otros países. O sólo les ayudemos a adquirir un vehículo si lo necesitan para proseguir sus estudios o para iniciarse en un empleo.
Mucho se ha dicho sobre la excelencia pero, ¿qué es? Y, ¿cómo llegar a ella? Pues bien, empezaremos por definir estos conceptos es lo superior en calidad y bondad o que sobresale en mérito o estimación.
Es importante tomar conciencia que la vida nos otorga siempre una nueva oportunidad para volverlo a intentar. Sin importar cuantas veces necesitemos hacerlo siempre hay una nueva oportunidad, aun si necesitamos empezar de nuevo.
Comentario de una psicóloga
Definitivo, como todo lo que es simple. Nuestro dolor no proviene de las cosas vividas, sino de las cosas que fueron soñadas y no se cumplieron.
Este es el primero de doce pasos para el establecimiento de metas.
El compromiso es una conspiración universal. El Universo pasa a ser tu aliado cuando tus metas están alineadas con tu finalidad en la vida y tú te comprometes a alcanzarlas. Atreviéndote a hacer, el poder de realización te será otorgado.
Los estados negativos y destructivos son la causa principal de las dolencias que aquejan al ser humano. Es la raíz también de sus dificultades en la vida, de su incapacidad de ser triunfador. Y la mejor manera, la más permanente, de modificar esta situación es implantar progresiva y profundamente pensamientos constructivos y positivos en la mente del sujeto.
Cuando alguna persona decide comenzar seriamente un camino de perfeccionamiento de sí mismo, pronto se encontrará con alguien que le dirá solemnemente: lo primero que debes hacer es conocerte a ti mismo. Efectivamente esta sentencia se daba desde muy antiguo en las escuelas o filosofías.
Es sorprendente descubrir un día que el mundo es como cada uno de nosotros lo construye en su mente. Las formas, los colores, el movimiento, etc. no son objetivos, sino que son construcciones de nuestra mente. Incluso las relaciones entre los "hechos" son creadas y seleccionadas mentalmente.
¿Te ha sucedido que te propones una conducta determinada y sin embargo no consigues hacerlo? Tal vez te propongas dejar de fumar, sabes lo mal que le hace a tu salud, te dices que cuando quieras lo dejas, y sin embargo,¡no lo haces!
Mayor aceptación de ti mismo y de los demás.
1. El hecho de querernos más y mejor está en nuestras manos, no en las de los demás. Todo reside en la cabeza y nosotros somos quienes debemos intentar cambiar nuestro autoconcepto.
Otro problema que ocasiona el tenernos infravalorados es la inhibición de la expresión de los sentimientos por miedo a no ser correspondidos. Si algo funciona mal en una relación de pareja o de amistad, la persona con falta de autoestima creerá que la culpa de esto es suya, malinterpretando en muchas ocasiones los hechos y la comunicación entre ambos. Se siente deprimido ante cualquier frustración, se hunde cuando fracasa en sus empeños y por eso evita hacer proyectos o los abandona a la primera dificultad importante o pequeño fracaso.
Un adecuado nivel de autoestima es la base de la salud mental y física del organismo. El concepto que tenemos de nuestras capacidades y nuestro potencial no se basa sólo en nuestra forma de ser, sino también en nuestras experiencias a lo largo de la vida. Lo que nos ha pasado, las relaciones que hemos tenido con los demás (familia, amigos, etc.), las sensaciones que hemos experimentado, todo influye en nuestro carácter y por tanto en la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Tal vez algunas de las cosas que nos suceden en la vida dependen del azar y la suerte. Pero todos sabemos que no encontraremos lo que necesitamos si estamos buscando en el lugar equivocado. ¿Qué pasa si en este camino que es nuestra vida hemos seguido un sendero erróneo? ¿No es de esperar que en ese camino que no es el nuestro no encontremos nada que nos satisfaga por completo?
Cualquiera que aspire a un conocimiento profundo de sí mismo, debería sumergirse en su interior cíclicamente y traerse de allí algo que pueda sacar al exterior y enriquecer así su personalidad, su vida y la de los demás. ¿De qué nos sirve conocernos, adentrarnos en nosotros mismos y analizar una y otra vez nuestros sentimientos si luego no hacemos nada positivo con todo eso? ,cada vez que nos adentremos en nuestro interior deberemos salir de allí con una "granada" en las manos. Existe y debe existir una interconexión entre lo que sucede en nuestro interior y lo que sucede fuera. Es imposible lograr un desarrollo personal y un autoconocimiento pleno si no somos conscientes de que formamos parte de un sistema mayor y de la misma naturaleza, cuyos recursos no debemos consumir sin ofrecer algo a cambio. El camino del autoconocimeinto debe ser, por tanto una espiral que avanza hacia delante al mismo tiempo que nos vamos orientando alternativamente hacia dentro y hacia fuera de nosotros mismos, hacia nuestro interior y hacía el mundo, tomando y ofreciendo, enriqueciendo nuestra personalidad y ayudando al enriquecimiento de los demás.